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Generalidades y generalizaciones de la delincuencia cubana

El tema comenzó por el embargo, no el cacareado como sinónimo de bloqueo (norteamericano); sino el embargo de propiedades, la confiscación del fruto de los agobios familiares e históricos de toda una nación para… nacionalizarla según estereotipos de otros tipos, no importa si foráneos. Eslavos, por ejemplo. No hay problemas en cambiar inglés por ruso y que Cervantes se vaya a paseo.

La rechifla de la justicia social a la justicia social. Recuérdese aquello de “convertir los cuarteles en escuelas”, para no olvidar que se convirtieron las escuelas en trincheras. La igualdad se logra con el negocio redondo de permanecer en pie de guerra por tener un pie en la guerra. He ahí la amenaza pedante y pendiente, la necesidad de acopiar para no ser sorprendidos, mucho mejor si se toma la iniciativa y se sorprende haciendo de la necesidad una bandera. De justicia social, siempre de justicia social, que si hay lucha es porque hay injusticias, hasta tanto no se instaure el paraíso en la tierra. De los justos, claro. Socialismo, por más señas.

No tenemos ningún compromiso con la historia, salvo en los capítulos que estamos construyendo a pesar del bloqueo, a pesar del embargo… Sin embargo, ¿cómo se fabrica un delincuente?, ¿cómo llega un ciudadano común a convertirse en delincuente común? El vandalismo, tal y como se le conoce hoy en día, sobre todo, en el contexto concreto y cubano en tiempos de pandemia, ¿es causa o consecuencia de la impronta delincuencial del sistema?

Lo marginal solo lo es por referencia. Hay una agonía compartida entre quedarse al margen y dejar al margen. Asimismo, y en estrecha relación, lo delincuencial, aun punible en cualesquiera circunstancias, se enfatiza en lo marginal. No es válido preguntar si en el socialismo existen o caben marginalidades, porque el socialismo es, en sí mismo, marginal. Y delincuencial.  No cabe otro cuestionamiento en un sistema que es exclusivo solo en su carácter excluyente. Si todo es suyo ⸺e irrevocable, como en Cuba⸺ en el socialismo, también tiene que asumir marginalidades y delincuencias. Se anulan, por tanto, todas las acusaciones por esa vía. Es un sinsentido que desde el Gobierno se llame delincuentes a los que asaltan una tienda fabricada y surtida con transacciones delincuenciales. Que lo son desde el momento en que el Estado es dueño.

Antes se decía en broma: “Que levante la mano el que no haya comprado camarones por la izquierda”. En el mercado negro, se entiende. La izquierda como símbolo de trasmano, de ilegalidad. Los camarones, en particular, y los mariscos, en general, se convirtieron en sinónimos de alimento caro y prohibido. Más que sus propiedades afrodisíacas, pesaba su desaparición del mercado formal. Como mismo desaparecieron las papas, los limones y la carne de cerdo. Cuba, isla-candonga. Se podían encontrar aviones por piezas en el mercado negro. Sin embargo, ⸺oh, embargo⸺, ¿cómo podía haber “de todo” si no se producía (ni se produce) nada, luego de secarse las ubres socialistas? Secretos a voces del mercado negro. ¿De dónde puede salir un chorizo si no existen fábricas particulares de chorizo?

Que los gobernantes sean delincuentes y les llamen delincuentes a sus opositores, es parte del juego. Más que delincuentes, todos son delicuescentes sociales. Viven en y de la atmósfera creada. Se difuminan en ella. Yo me robo el chorizo de mi empresa y te lo vendo. Luego lo vendes más caro en tu negocio y así puedes comprar camarones por la izquierda para alimentar a tu hija, fan de los mariscos. Finalmente, tu hija, rolliza y afrodisíaca, se enamora de mi hijo, que ha vivido bien por los chorizos que me robo y vendo. La serpiente se muerde la cola. El matrimonio monta un negocio levantado sobre chorizos estatales. Atenuante para mí, ladrón de chorizos: el gobierno revolucionario nacionalizó una fábrica de chorizos que pertenecía a mi abuelo, emigrante de Canarias.

Es parte del juego. Peor es llegar al punto demencial ­⸺y delicuescente⸺, en que todo ciudadano se desentiende de virulencias sociales, con o sin vandalismo, y califica a los implicados, sin excepción, como delincuentes. Señalan y se excluyen, los que hablan y acusan. “Son delincuentes”, dicen sobre los detenidos por las protestas, aun sobre los menores de edad, los que participaron “por embullo”. “Son delincuentes”, reafirman cambiando de mano la bolsa pesada donde llevan algún producto sustraído de alguna empresa, tal vez un chorizo. Ni siquiera cuando una persona ha podido reparar su casa, puede decir que es suya, si suma la cantidad de las partes robadas con que la construyó.

Dada la generalidad y la generalización, los cubanos deberían ser más cautos a la hora de llamar delincuentes a sus coterráneos. Hablar de los otros es hablar de sí mismos. Sírvale, sobre todo, a los gobernantes, tan pródigos en epítetos ofensivos cuando no se les aplaude. La única alternativa a los aplausos cuando el mercado es todo negro, son las pedradas. Abran las puertas a las demandas, legislen para la diversidad y el dinamismo, y puede que lo delincuencial desaparezca o se atenúe.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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