Cuba te Cuenta

Hasta que terminen los exilios

“El exilio es algo curiosamente cautivador sobre lo que pensar, pero terrible de experimentar.”
Edward W. Said.

La parte emigrada de mi familia se fue en tiempos de la Revolución, algunos antes de mi nacimiento, en la década de 1960; y otros después de 1970, como si los hubiera empujado la malograda Zafra de los Diez Millones. Un misterio. Antes del hecho, “se iban”. Después, “se fueron”. Luego, silencio. Entonces los cubanos se iban para no volver.

Nunca me hablaron de emigrados o exiliados. Intentando ocultar la desafección evidente, provocaron el daño mayor del desarraigo, porque la memoria es inquieta y curiosa. Y tampoco la cautela hogareña permanece virgen demasiado tiempo. Además, los deberes escolares obligaban a mentir y la mentira solo tiene cuerpo con una simiente de verdad. La verdad era que mi familia era “gusana”. Secreto a voces. Una vergüenza.

Esa parte de mi familia era burguesa, con una fortuna trabajada que desapareció dentro de las arcas revolucionarias en 1959. Destino singular y común: el tatarabuelo que vino, el bisabuelo asentado, el abuelo que se marchó. Y el nieto que lamenta el destrozo de la genealogía, la mudez de los padres, la ausencia de referencias, el silencio empecinado de esa otra descendencia que existe más allá de las fronteras, temerosa de reclamos y pedidos que no puede o no quiere asumir.

Pero nunca me hablaron de exiliados o emigrados. Y la historia de Cuba era un compendio de saltos y selecciones. La historia la escriben los vencedores; pero nunca se pondera que lo hacen a costa del silencio de los derrotados, algo que solo es evidente en las generaciones posteriores y su vacío existencial. Cuba ha callado demasiado. Que nadie se asombre si al gritar no ha sabido escoger las palabras, aunque toda palabra es acertada cuando el equívoco es generalizado e impuesto.

Una parte de la parte de mi familia que se fue, se desentendió de Cuba. Se les murió el afecto. Y otra parte de esa parte ha mantenido un contacto mínimo, distante, como quien observa un hormiguero y deja caer algunas migas para simular ecologismo. Con mi familia nunca tuve conciencia de lo que significa abandonar la tierra. Quienes mantuvieron el mínimo contacto, no hablaban de emigración ni de exilio. Lo sufrían. Lamento no haberlo comprendido entonces, huérfano como estaba de palabras y conceptos.

Han sido mis amigos y la lucha cotidiana posterior, los que han apurado la recuperación de la memoria y el llamar a la realidad por su nombre. Mis amigos emigraron y muchos de ellos se han llamado exiliados a sí mismos. Ninguno se ha ido por afán turístico o aventurero, aunque luego hicieran turismo y vivieran aventuras, que la vida sigue. Todos se fueron empujados por circunstancias inaguantables, sangrándoles el alma por “dejar atrás” y la certeza de que ya nada sería igual en lo adelante. Todos se fueron odiando las imposiciones sufridas ayer, para intentar acomodar la existencia en el sufrimiento de las suposiciones de mañana.

Porque las distancias son abismos. Algo se rompe al levantar el vuelo o al despedir un vuelo. Y volar establece diferencias que no son más que corazas y mecanismos de defensa para paliar la tristeza y la impotencia. No pueden ser otra cosa esas manías pedagógicas que adquieren los que se van, esas pretensiones de saber lo mejor que pueden hacer los que se quedan. La distancia es perspectiva solo si es eventual. Cuando es definitiva, está dicho: es un abismo. La trampa semántica del futuro posible: volveré, porque nunca quise irme. Aun sin regresar, no hay nada terminante en el que se marcha coartado por las circunstancias. Es la única manera en que el odio puede tornarse salvífico.

Es sobre todo la cuestión política, las soluciones políticas para la Cuba de hoy que ha sido la misma Cuba por sesenta años, eufemismos más, eufemismos menos. Y mientras los opositores moderados y los radicales batallan en las redes, el gobierno caza con paciencia bovina las pifias de las ofensas y arma su tinglado de presiones, represiones y expulsiones. Bendita sea la historia, aun sesgada, que ha vivificado esa palabra romántica y nostálgica: exilio, emparentada con idilio. Aunque ni siquiera podemos aspirar a las (posibles) novelas que sobrevendrían de y sobrevivirían a tanta ruptura. ¿Cómo, si mi tatarabuelo murió y luego mataron su fantasma y allí donde estaba su árbol hay un cartel desvaído que dice “Hasta la victoria siempre”? La imaginación no sustituye la memoria. La complementa.

Quien se queda está obligado a no juzgar. Por ética y por honestidad. Si por escepticismo no siguió los pasos de los atrevidos, tampoco podrá utilizar como pretexto sus exilios para confirmar su morosidad cívica. Y quien se va, haría bien en desechar su papel de oráculo político y analista de catalejo. Ahora pienso que fue muy bueno el desentendido absoluto de mi familia. Sin él, no hubiera sufrido el exilio dentro del insilio. Jamás hubiera vivido la zozobra del abandono ni el temblor de la vigilancia ni el gozo de no callarme cuando he querido hablar. Hoy, ya no existe esa familia. Todos han muerto, algunos de vejez y otros de olvido. Y si bien es cierto que cada persona que se (nos) va se lleva un pedazo de nosotros, también es cierto que un pedazo de ellas se queda a nuestro lado. Los exilios están hechos de retazos y no hay recetas para las vidas de retazos. Y será así hasta que terminen los exilios. Ahora que se han puesto de moda los forzados.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

1 Comentario

  • El exilio es como una nave que parte y quiere mantenerse a flote algunas permanecerán con la proa y la popa erguidas , otras perderán las velas , las más estarán de lado y otras se hundirán antes de llegar , es como un camino lleno de malezas que cuando logras llegar a tu destino ya toda la maleza que dejasteis atrás creció y el regreso desapareció , el exilio es perder a la abuela y no estar, es tener un sobrino que nunca te conocerá es, perder tu identidad y hablar otro idioma es dejar tus amigos y hermanos , es volver a nacer en un mundo al cual nunca pertenecerás 🇨🇺

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