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Añoranza por los “A jugar”

A finales de la década del 70, en Cuba se hizo popular un programa de competiciones infantiles entre escuelas primarias, llamado “A jugar”. Su objetivo era fomentar y masificar el deporte desde edades tempranas. Era promovido por el Instituto de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER), en conjunto con el Ministerio de Educación (MINED). El programa contó con apoyo televisivo, volviéndose un gran espectáculo que capturó la audiencia de niños y jóvenes de todo el país.

El Centro Mixto “Orlando Pardo”, del pequeño poblado de San Felipe, en Quivicán (Mayabeque), era para entonces solo una escuela primaria, que también convirtió en su propósito llegar a lo más alto del podio en las competiciones de “A jugar”.

Burlando el sol, el cansancio y hasta el descanso los fines de semana, un equipo de trabajo de la joven escuela puso su empeño en preparar a los niños para una amplia variedad de pruebas, que medían disímiles de habilidades. Era el vínculo perfecto entre el estudio y deporte, y contaba con un ingrediente principal: la motivación. El trabajo no fue difícil, aunque sí agotador. Fue una etapa en la que recursos, voluntad y talento eran innatos del asentamiento.

“Se practicaba en el patio de la escuela con todos los medios requeridos por las especialidades. Había que ser un deportista integral, pues lo mismo tenías que resolver una operación matemática que escribir correctamente palabras y salir corriendo hacia la meta. La competición exigía la preparación y, a su vez, amor, entrega y perseverancia”, relata Nela, una de las profesoras de EF de la escuela en aquella época. Vivian, otra profesora, recordó que la escuela intervino por primera vez en un programa “A Jugar” en el curso 1977-1978. Y lo hizo directamente dentro del estudio de televisión, gracias a las potencialidades que una comisión de organización y supervisión vio en el equipo.

El formato de eliminación era sencillo. Se organizaban competencias municipales y provinciales, en ciclos de competencias semanales y mensuales con carácter provincial, y trimestrales con extensión zonal-nacional. Por último se realizaba la competencia anual, de carácter nacional. Era una gran fiesta del deporte infantil.

Para la escuelita local “Orlando Pardo”, los cursos 79-80 y 80-81 fueron los de su participación cimera. Nela recuerda: “Llegamos a ser reconocidos por la preparación y la calidad de los muchachos; pero en la nacional, todos eran buenos. Ningún equipo era subestimado. La escuela fue capaz de concentrar un buen equipo que la hizo avanzar sin contratiempos, dejando atrás equipos de mucha calidad y tradición. El lugar más satisfactorio que obtuvimos fue un 2do escaño a nivel nacional como resultado del esfuerzo, la entrega y la dedicación de estudiantes, familiares y entrenadores”.

Carlos, un comisionado del INDER, explicó que la llegada del Período Especial constituyó “un duro golpe para este tipo de eventos”. Requerían un complejo aseguramiento y los recursos que conllevaba su organización había que destinarlos a otras prioridades. Aunque se trabajó duro por preservar este tipo de evento y continuar fomentando la masividad del deporte, cada vez fue menor la instancia en la que se pudo competir. “Hoy en día se siguen sacrificando competiciones por falta de transporte, se ven equipos con disparidad de trajes, y salen del bolsillo de los padres los recursos que antes aseguraban las autoridades deportivas”, dijo Carlos.

La realidad demostró con los años que aquel binomio estudio-deporte no fue del todo compatible. Las escuelas comenzaron a potenciar el deporte por encima del estudio, y a suspender clases para poner a la escuela en función de la competición con tal de lograr un buen desempeño. La masividad terminó por deprimir la calidad del proceso docente educativo. Era más importante formar un buen equipo que obtener buenos resultados académicos. Y a los integrantes de los equipos, en no pocas ocasiones, se les “pasó la mano” en exámenes y asignaturas.

De esa penosa manera fue devorado el atractivo programa infantil que sirvió de cantera para seleccionar futuros talentos. Y si bien los programas “A jugar” no fueron el ombligo del movimiento deportivo cubano, su desaparición sentó las bases de lo que hoy sucede en los eventos internacionales, donde Cuba lleva más de dos décadas retrocediendo. “El éxodo de deportistas, la falta de recursos para su formación, la no realización y/o atención del deporte en la base, la carestía de los implementos, y otros muchos factores han ido apagando la antorcha que en un país entero, y en San Felipe, en particular, encendieron aquellos pequeños vencedores”, concluyó Nela.

Orlando Pérez

Bloguero de Cuba te cuenta.

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