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Éxodo de atletas y mentiras gubernamentales

Desde su constitución como república en 1902, Cuba ha logrado una estela de excelentes resultados deportivos. En muchos deportes, los atletas de la isla han dado muestras de calidad, amor al deporte y amor a la patria. Baste mencionar como ejemplos, los nombres de Kid Chocolate, Luis Tian, Ramón Fonst y José Raúl Capa Blanca. Ellos ofrecen una visión de la calidad del deporte cubano en los años anteriores al triunfo de la Revolución.

Después de 1959, el nuevo gobierno reestructuró la organización de los deportes en busca de una nueva imagen. Se crearon escuelas de iniciación deportiva y se solicitó la colaboración de técnicos de los países del campo socialista. El deporte fue priorizado, muchas veces incluso por encima del rendimiento académico. Las medidas dieron frutos y los resultados positivos no tardaron en llegar.

Pero fue la década de 1970 la que dio comienzo a la que pudiera denominarse la época de oro del deporte “revolucionario”, que derivó en el meritorio quinto lugar en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. De esa época cabe mencionar también los tres títulos mundiales del voleibol femenino y las veinticinco copas del mundo del béisbol. El boxeo, por supuesto, será siempre el deporte que mejor demuestre que Cuba es una tierra de campeones.

Por desgracia, los triunfos se empañan por el afán del régimen en politizarlos, lo mismo que las decisiones de los atletas cuando deciden liberarse y abandonar los equipos nacionales. Entonces son tildados de traidores, “gusanos” y “vendepatrias”. Los tiempos de oro del deporte cubano, gracias a las subvenciones del campo socialista, terminaron en la década de 1990. Desde entonces, la realidad se impuso. La voluntad puede ser mucha; pero se requieren determinados incentivos y condiciones mínimas para ser un deportista de alto rendimiento. Desde entonces, la realidad de los entrenadores y deportistas cubanos es bien difícil.

La alimentación deficiente, la ausencia de topes de preparación, la escasez o carencia absoluta de implementos deportivos de primer nivel, el cerco que sufren los atletas en competencias internacionales y la imposibilidad de expresar libremente sus críticas y opiniones, son parte de los bajos resultados que asolan al deporte cubano actual, y causa fundamental del éxodo de atletas. Por su parte, el Instituto Nacional de Deporte y Recreación (INDER) justifica sus fracasos con el bloqueo estadounidense y culpa a la política de ese país por facilitar el “robo de talentos”.

Resulta increíble que, en Cuba, un campeón mundial u olímpico no tenga leche en su vivienda para alimentar a sus hijos. También es muy duro ver que muchos atletas tengan que vivir de donaciones. El gobierno puede decir que los Estados Unidos practica el robo de talentos; pero el gobierno cubano roba a sus atletas la posibilidad de vivir según su rendimiento, sustrayéndole gran parte del dinero que ganan en eventos internacionales.

Mientras el gobierno y, por ende, el sistema deportivo cubano, sigan enmascarando las mentiras referentes a sus incapacidades, seguirá el éxodo de deportistas, como ha seguido el de los cubanos en general. Los planos estelares requieren de un cambio de política, porque ni siquiera se podrá volver a una época de subvenciones como la del tiempo del campo socialista. Habría que encontrar un mecanismo para atender mejor a los atletas y reestructurar el sistema de inversiones en áreas deportivas, lo cual es bien difícil en momentos de crisis económica. Mientras los discursos sigan enmascarando las causas de los fracasos, seguirá el éxodo de atletas.

Henry Couto

Bloguero de Cuba te cuenta. Miembro de la organización Unión Patriótica de Cuba. Colabora con la ONG People In Need como observador, y monitorea sobre vulneraciones a los derechos humanos en el país. Colabora con los distintos espacios de Radio Martí en el programa Cuba al Día.

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