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Cuba: Un vuelco radical

El más universal de los cubanos, José Martí quería fundar una República “con todos y para el bien de todos”. Máximas como éstas han sido utilizadas hasta el cansancio, colocadas en los más recónditos lugares y hasta tergiversadas por Fidel Castro y su camarilla.

Ambulancia-carreta. Imagen publicada en PanAm Post
El más universal de los cubanos, José Martí quería fundar una República “con todos y para el bien de todos”. Máximas como éstas han sido utilizadas hasta el cansancio, colocadas en los más recónditos lugares y hasta tergiversadas por Fidel Castro y su camarilla para exaltar la obra de la Revolución que, si bien en sus inicios, tuvo un impacto popular y tomó un grupo de medidas en beneficio social, hoy dista bastante de ello.

¿En dónde quedaron las reformas de carácter público aplicadas por Fidel en 1959 cuando redujo un 50% el precio de los alquileres, entregó las tierras a los campesinos a través de la Ley de Reforma Agraria y erradicó las playas privadas? ¿Cuán urgido está el pueblo cubano de un grupo de reformas similares que impacten notablemente en la vida del cubano?

La historia ha ido mostrando a lo largo de estas seis décadas, las verdaderas garras de este sistema. Hoy no solo se necesita que se vuelvan a rebajar los precios a los alquileres de las viviendas y los apartamentos que cuestan el 100% y más del salario medio del cubano (3 250 CUP), ni que entreguen nuevamente las tierras que se cooperativizaron forzosamente o que los cubanos tengan acceso a determinados cayos, hoteles y playas que se cotizan en una moneda con la que no paga el sistema… hoy se necesita un vuelco radical. Porque, en vez de ganar en trasparencia y democracia, el régimen cubano sigue colocando en cargos públicos a cuadros y militares del Partido sin que éstos tengan ápice de conocimiento de la labor que desempeñan en detrimento de los que verdaderamente se lo merecen.

Para resolver los problemas de Cuba se necesita que los cubanos radicados en la isla, puedan invertir en su país sin discriminación económica, sin tener más de un centenar de actividades por cuenta propia prohibidas y se le permita importar la tecnología necesaria para desarrollar o emprender su negocio. Así los militares al servicio del gobierno no tendrían que salir al exterior a fundar empresas semiprivadas que desfalcan y estafan los fondos del Estado.

Se requiere dejar de pagar míseros salarios en un sistema donde un simple trabajador de comunales gana más que un ingeniero; pagarle a los profesionales de la salud, internacionalistas y a la fuerza de trabajo contratada en Angola, India y Paquistán lo que verdaderamente desembolsan esos gobiernos por sus servicios.

Con respecto al fondo habitacional cubano, que tiene casi millón y medio de viviendas en estado regular y malo, o de su pésima infraestructura hidráulica, eléctrica, de gas y sanitaria hace falta compromiso y sensibilidad y no andar invirtiendo en hoteles 5 estrellas, campos de golf, campañas internacionales y negocios inmobiliarios que solo le reportan beneficios a las Fuerzas Armadas.

En cuanto a la alimentación, se necesita desatar la agricultura que lleva años frenada al servicio de las CPA, UBPC y otras formas productivas improductivas e ineficientes que mantienen más tierras ociosas que produciendo. Hace falta eliminar el acopio permanente y obligatorio de las cosechas, aprobar la compra-venta de tierras entre propietarios y vender insumos tales como abonos, equipamientos y fertilizantes en la moneda con que se vive y paga en el país para darle a esta valor de uso, poder adquisitivo y reducir la inflación.

Por supuesto, se debe escuchar sin fanfarria ni demagogia y no como hicieron durante el referéndum constitucional donde los puntos más citados por los cubanos, referidos a libres elecciones, libertad de expresión y manifestación y de reformas económicas, entre otros, no fueron modificados y mucho menos, revocados. Así no tendrían que gastar cuantiosos recursos en monitorear constantemente el ciberespacio, sofocar desobediencias públicas, comprar perseguidoras y pertrechos antimotines y pagarle a infinidad de vagos y oportunistas que, en funciones de chivatos, alertan sobre cualquier estallido social.

En fin, para resolver los problemas de Cuba, hay que entender que al régimen de la isla no le interesa resolverlos, más bien, necesita mantener al pueblo preocupado por su subsistencia y alejado de pensamientos políticos. Entendiendo esto, entenderemos que no queda otro camino, que el de un vuelco radical.

Orlando Pérez

Bloguero de Cuba te cuenta.

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