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El adoctrinamiento infantil en Cuba con fines político-ideológicos

En principio, para el gobierno cubano, sus niños y jóvenes son lo más importante. Constituyen el relevo generacional y, por ende, garantizar su adoctrinamiento es vital para la supervivencia del sistema. Para ello, ante organismos internacionales, se firman convenciones y códigos que disfrazan las pretensiones políticas del régimen.

El proceso de adoctrinamiento en Cuba comienza desde edades tempranas. En el Código de la Niñez y la Juventud vigente, se regulan las obligaciones de las personas, los organismos y las instituciones en la construcción de la “nueva sociedad” con el objetivo de promover la formación de la personalidad comunista. Desde los círculos infantiles se les fuerza a memorizar contenido político, como poesías alegóricas a hechos y personajes históricos en detrimento los cuentos y rondas propias de su edad. Se condicionan los sentimientos patrios y la devoción por los líderes de la Revolución, a los que muestran como continuadores de los héroes de las guerras por la independencia, resaltándolos como ejemplos a seguir. Los padres no pueden negarse a la deformación de la conciencia de sus hijos, porque no está en sus manos la posibilidad de otra alternativa de educación. Existe mucho miedo a manifestarse en contra del sistema. Hacerlo implicaría, por ejemplo, perder la posibilidad de obtener una plaza para el círculo infantil.

En las escuelas se convocan numerosos concursos de dibujo y poesía para venerar y limpiar la imagen de las instituciones represoras. Ejemplos son los concursos “Amigos de las FAR” y “6 de junio”. Se les estimula a consumir bibliografía histórica, como “Bertillón 166”, basada en la lucha clandestina contra Fulgencio Batista. De igual forma se les proyectan filmes como “El brigadista” y “El hombre de Maisinicú” con el fin de fortalecer los valores ideológicos, cualidades y atributos. Con ello prevén que niños y jóvenes desarrollen y fortalezcan su papel como herederos y continuadores de la obra de la Revolución. Así clases, seminarios y trabajos investigativos van dirigidos a reforzar los conocimientos en materia política e histórica, por encima de las matemáticas, la formación cívica y el español. Tanto es así que, uno de los exámenes de ingreso a la educación superior, es de historia, evaluándose solamente la etapa que comprende las luchas por la independencia.

Para ser estudiante integral, no se puede pasar por alto las fechas conmemorativas y representativas del régimen. Por eso, en las escuelas es obligatoria la participación en matutinos y actos políticos que tienen lugar dentro y fuera de la escuela, en sitios y monumentos de interés. Estos actos son reforzados con la presencia de cuadros del gobierno y del partido, combatientes y dirigentes. Se hacen más frecuentes cuando los estudiantes comienzan a formar parte de organizaciones políticas y de masas tales como la Organización de Pioneros José Martí (OPJM) y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). La falta de pluralidad y alternativas educativas, más allá del sesgo ideológico que impone en las suyas el gobierno, inhibe la posibilidad de una sociedad basada en una democracia abierta y participativa.

Los estudiantes son forzados por los maestros a portar emblemas, escudos, banderas y logotipos en uniformes, así como vociferar consignas en actos de repudio y desfiles como el que se convoca el 1ro. de mayo, Día Internacional de los Trabajadores. La carga de formación ideológica en los educandos es muy superior a la pedagógica. Por ello se encuentran en las aulas personas sin gota de cultura, conocimiento y educación, pero que siguen a rajatabla el esquema dogmático diseñado por el régimen. Por tal razón obligan diariamente a sus discípulos a saludar la bandera, cantar el himno nacional y portar un uniforme diseñado con los colores de la enseña nacional.

Durante las farsas electorales, donde se “eligen” a los delegados y diputados, un grupo de pioneros y estudiantes son movilizados a custodiar las urnas aunque para ello se interrumpa su día de descanso. Ello influye la visión de libertad y democracia que desde edades tempranas impone el sistema en sus infantes. Con ello se violan los artículo 2 y 14 de la Convención sobre los Derechos del Niño, donde se refrenda que “los Estados partes asegurarán la aplicación de cada niño independientemente (…) de la opinión política” y “respetarán el derecho del niño a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”. Estas imágenes son utilizadas luego en reportajes y artículos de prensa nacionales e internacionales para “demostrar” que el socialismo en Cuba es continuidad.

Se insertan asignaturas alternativas y opcionales de corte militar que nada tienen que ver con los planes de estudio. Todo ello para incentivar la inclinación posterior por carreras militares. Este proceso que comienza en la escuela, no finaliza con el Servicio Militar Obligatorio sino que prosigue en la universidad sin garantizar (como quisieran) la formación de jóvenes comunistas y, mucho menos, fieles servidores de la Patria. Solo multiplica el miedo, la hipocresía y el desinterés por un sistema que se sostiene solo por sus dirigentes.

Orlando Pérez

Bloguero de Cuba te cuenta.

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