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El poscovid de los trabajadores del turismo en Cuba

La aparición y consiguientes oleadas de COVID-19 en el mundo después de marzo de 2020, pusieron en jaque al turismo. Para Cuba, la cuestión fue incluso más grave si tenemos en cuenta que es una de las primeras fuentes económicas del país.

Hasta la fecha, e incluyendo los efectos de la pandemia hasta 2023, las pérdidas acumuladas que han calculado los analistas oscilan entre 53.000 millones y 75.400 millones de dólares, solo en la región del Caribe. Ante este panorama, la realidad turística cubana vuelve a sentir toda la presión internacional. Y aunque en las redes sociales se escuchan reclamos por las desorbitantes inversiones en la llamada “industria sin chimeneas”, los trabajadores son otra vez afectados.

A partir de marzo de 2020, Cuba cerró progresivamente la mayoría de las instalaciones turísticas, catalogó como disponibles a muchos de sus trabajadores. A las madres con hijos en edad escolar les otorgó una licencia con salario al 60 %. Otros, se mantuvieron en su jornada laboral de ocho horas. La mayoría de los trabajadores pensaron que no volverían a prestar servicios debido a la depresión de viajes y clientes.

Cuando el gobierno cubano anunció que el 15 de noviembre de 2021 abriría las fronteras internacionales, algunos vieron tierra en lontananza. Pero la mayoría comenzó a cuestionarse la rentabilidad de las instalaciones y la estabilidad de los suministros. Con la llegada de 2022 aparecieron otras variables en la ecuación. El reordenamiento —proceso mediante el cual la economía cubana tendría una optimización del capital, entre otros aspectos, debido a la unificación monetaria y cambiaria— establecía mejoras económicas relacionadas específicamente con el pago de las utilidades a los trabajadores. Sin embargo, no se trata solamente de generarlas en cada instalación. Esas instalaciones tienen que tributar a un plan general de la cadena hotelera del territorio y esos números deben estar en verde para pagar las utilidades.

Por supuesto, que eso sería una panacea si todos los hoteles fueran igualmente productivos. Pero la realidad es otra. Están los mejores posicionados, los de mejores estándares de calidad, y los más alejados de dichos estándares. Ambos tipos contribuyen al plan por igual, lo que puede provocar la anulación de los ingresos. Tampoco se aplica la regularidad del pago de las utilidades. O sea, no será un pago mensual, ni trimestral. Con suerte, puede llegar a ser semestral o anual.

Por muchos años, los trabajadores del turismo fueron la clase media alta de Cuba; pero su realidad ha cambiado a la par que la del resto de los trabajadores del país. El conocimiento de los derechos laborales por parte de este sector, se ha convertido ahora en una necesidad. Los síntomas del poscovid social en Cuba se extienden a todas las áreas y aspectos de la vida.

Renata Santander

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