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El alumbrado público del Central “Mañalich”

El alumbrado público del “Central Mañalich”, en el municipio Melena del Sur, Mayabeque, pasó de crítico a pésimo recientemente. La expiración de las últimas lámparas que iluminaban la calle principal, terminó por rematar la precaria situación que enfrentan a diario los pobladores del extinto ingenio. Es algo muy preocupante, pues desde la entrada del pueblo y hasta el final del Consejo Popular, solo funcionan tres lámparas de 1as 17 existentes, incluyendo cuatro defectuosas.

La que hasta entonces es considerada la calle más importante del Consejo, sigue perdiendo efectividad y ha propiciado la ocurrencia de accidentes. Hace poco, un carretón de tracción animal atropelló a un niño que circulaba en bicicleta. Luego se dio a la fuga. La falta de alumbrado no permitió identificar al infractor. En días de lluvia, la arteria se vuelve intransitable. El mal estado de la vía y la inexistencia de aceras, hacen que los pobladores se trasladen alumbrándose con el celular.

Esta situación ha incidido en la tranquilidad ciudadana, pues ha favorecido los hurtos y hechos de violencia. El nivel de indisciplina de la localidad va en ascenso y, a falta de oficiales del orden, los directivos de los CDR (Comité de Defensa de la Revolución) abogan por retomar las guardias nocturnas, aunque poco eficientes serán sin alumbrado. El central solo cuenta con un jefe de sector, perteneciente al municipio, que visita el asentamiento en días alternos.

El panorama es similar hacia el interior del pueblo. De 49 luminarias censadas, solo funcionan 11, con siete defectuosas, para un anémico 22 % de utilidad. Esto no garantiza ni un cuarto de la adecuada iluminación de la comunidad. Las calles más críticas son las No. 16 y la No. 26.

Según los delegados de circunscripción que dicen haber tramitado las reiteradas quejas de los vecinos, la Empresa Eléctrica no tiene solución inmediata para el problema. La escasez de alumbrado público es generalizada y deficitaria en todo el país, explican. Por si fuera poco, las lámparas de vapor de sodio de 100 y 200 watt, que están colocadas en el Consejo, proceden de China y ya no se están importando.

Desde hace dos años, el país asumió la política de no incrementar el alumbrado público sino conservar y rehabilitar la infraestructura existente. Más bien está apostando por la sustitución paulatina de lámparas LED ensambladas en Cuba que aumentan el cono de luz y ahorran energía. Por cada una de sodio pudieran colocarse entre cinco y diez LED. Del ensamblaje nacional de estas lámparas apenas se habla, pues su producción, al tener que importar todos sus componentes, es limitada y notablemente baja.

No obstante, este anhelo está bien distante de satisfacer las necesidades del pueblo, dado que se están priorizando las cabeceras provinciales y la capital nacional, y ni siquiera han llegado al municipio de Melena del Sur. Actualmente existe un déficit de luminarias en correspondencia con el plan de energía que tiene diseñada la provincia para el consumo público de este asentamiento.

En los tres últimos años no han entrado luminarias al Consejo, ni siquiera de reposición. Ante la carencia de nuevas lámparas para el alumbrado público, las orientaciones que tienen los presidentes de los Consejos Populares es la de moverlas, en caso necesario, de un lugar para otro. Sin embargo, ello no resolvería el problema porque sería, en el argot popular, “desvestir un santo para vestir otro.”

Si bien es cierto que con la iluminación no se solventarán problemas e indisciplinas existentes, su instalación es indispensable para el funcionamiento de la comunidad. Por el momento solo les queda apelar a la colaboración y el aporte desinteresado de los vecinos que, desde los portales de sus casas, puedan contribuir a la iluminación de estas calles.

El asentamiento “Central Mañalich” surgió como batey a mediados de la república, con la edificación de este ingenio al sur del municipio. Algunos especialistas y trabajadores se fueron asentando en los alrededores del central gracias a las facilidades que les brindó su propietario, un hacendado norteamericano radicado en La Habana. Con el triunfo de la Revolución, el barrio fue creciendo mientras sus pobladores vivían de las zafras anuales. Sin embargo, tras el cierre del ingenio en 2006, la comunidad pasó a ser un asentamiento olvidado y desatendido. Hoy sus condiciones son precarias, fundamentalmente en viviendas y transportación.

Orlando Pérez

Bloguero de Cuba te cuenta.

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