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Turismo en Cuba: otra desmitificación tras el Reordenamiento

Por muchos años, los profesionales cubanos migraron hacia el turismo, pues los ingresos, o sea, las propinas, hacían que la economía familiar mejorara considerablemente. Por otro lado, estaba el acceso a ropa, tecnología y zapatos fuera del radar de la media nacional. Pero con la pandemia y el Reordenamiento, todo cambió.

Los días de gloria de los trabajadores del turismo han quedado atrás. Obviamente, muchas familias cubanas después del 2020 se vieron afectadas en su estatus social y económico. Mas, a pesar de todos los beneficios que se generaban en el mercado informal turístico, dos efectos arrasaron simultáneamente con los privilegios de estos trabajadores.

Entre los principales objetivos de la llamada industria del ocio está recaudar divisas a cualquier precio. En el proceso, la explotación de sus trabajadores, con más de 12 horas de jornada y bajos salarios —oscilaban entre los 491 pesos cubanos, según estadísticas del sector hasta 2021— se izaba como bandera. Ambos aspectos influyen negativamente en la calidad de los servicios integrales de la industria turística.

Sin embargo, a pesar de los ingresos generales que aporta al presupuesto del Estado y la cantidad de inversiones que, amén de la pandemia, no se detuvieron, existe un alto índice de quejas entre los visitantes. Estándares de calidad deteriorados, bajo confort, problemas en los equipos de climatización, las piscinas, en los sanitarios, inestabilidad en los insumos… La lista puede ser interminable.

Y todo es consecuencia de las condiciones del ministerio y, por ende, del gobierno. Si los que deben servir a otros solo ven la ventaja y no las condiciones óptimas para desarrollar la complacencia, todo se vuelve de color verde. Si los trabajadores del turismo no identifican que son víctimas de falta de derechos, todo se vuelve de color verde. Si cada mes solo ven la oportunidad fácil de “ligar” un extranjero, todo se vuelve color verde. Y, sobre todo, se vuelve discriminación hacia sus congéneres, hacia el turismo nacional, que debe ser cuidado y atendido mejor que el resto, porque potencialmente está tentado a consumir servicios locales 365 días.

Afortunadamente —no importa cuán contradictorio parezca— la pandemia equilibró ese aspecto. El cierre de fronteras cambió los colores en los bolsillos hasta hacer desaparecer su contenido en un pase mágico. Muchos de los trabajadores del turismo bajaron de sus pedestales, obligados a recurrir a las interminables colas para obtener alimentos. Muchos solo tuvieron la opción de quedarse en casa y esperar a que saliera el arcoíris detrás de la tormenta. Algo que sucedió el 15 de noviembre de 2021. Pero el sol, tampoco resultó ser tan brillante.

Hoy caminan agitados en busca de los pocos reductos de comida que quedan en el país. Hoy exigen a los sindicatos el pago por resultados, notan el costo de la vida en cada paso. Y ven como se aleja cada vez más la expectativa creada para el 2022 respecto a la estimulación salarial en otra moneda que no sea el peso cubano, ni siquiera en MLC. Ha caído el halo dorado que existía sobre los trabajadores de los servicios.

Renata Santander

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